Capítulo 1: el Camarero Guindilla

viernes, 30 de septiembre de 2011

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El Goblin lo miro muy despacio. Su mirada empezó por los pies y fue subiendo lentamente, recorriendo su anatomía , analizando...

Estaban en la puerta de la cocina. Nuestro joven protagonista había atravesado el salón, agachándose con cuidado para evitar darse con los contrafuertes del techo. Llegó hasta un arco que daba a un patio interior enorme y lleno de mesas. Las sillas estaban sobre ellas, puestas del revés. El suelo, de piedra, estaba empapado y se escuchaba el ruido del agua chocando sobre él.

Una pequeña puerta se abrió de repente y allí apareció el Goblin. Llevaba un delantal manchado de sangre y grasa. En la mano derecha asía un cuchillo carnicero de dimensiones "interesantes". En la boca llevaba un palillo. Estaba sudando a chorros. El joven se quedó mudo ante el aspecto y la mirada penetrante del que iba a ser su primer jefe. Tras unos segundos que parecieron horas, al fin el Goblin se pronunció:


- Así que quieres trabajo, ¿eh? - lo dijo mientras movía el palillo de un lado a otro de la comisura de sus labios, en un movimiento casi hipnótico.

<<Joder, ¿como lo sabe? Este tío tiene poderes fijo>>, pensó. Se armó de valor y dijo:

- Pues sí, para eso estoy aquí. He visto que siempre tienes gente para cenar y me preguntaba si necesitáis a alguien para trabajar.

-¿Has trabajado antes de camarero? - con cada frase, el palillo de su boca cambiaba de posición.

- No.

- ¿Has trabajado antes?

- mmmh, pues no.

- ¿A parte de hacerme perder el tiempo sabes hacer algo? - el palillo empezó a moverse de nuevo repetidamente, como impaciente...

 <<Piensa leches, piensa, dí algo... se está poniendo nervioso, se le está quemando algo en el fuego y yo estoy aquí, haciéndole perder el tiempo. Dí algo, lo que sea...>>

- Soy campeón comarcal de Age of Empires 

El Goblin lo miró inténsamente. El palillo de su boca empezó a moverse frenéticamente, derecha, izquierda, derecha, izquierda. Era como un "led" que reflejaba la actividad de su cerebro. Le estaba costando procesar lo que le acababa de decir. De repente gritó: 

-Vale, puede servir, que diablos. ¡Guindilla, enséñale al pimpollo lo que sea y rapidito, que abrimos en media hora! 

El Goblin se dio rápidamente la vuelta y volvió al interior de la cocina. El calor era sofocante. Habían hablado en la puerta cinco minutos y ya estaba sudando. <<¿Cómo sobrevivirá ese hombre ahí dentro tanto rato?>>, pensó. Mientras divagaba sobre la posibilidad de que aquel hombre no fuera humano apareció el "Guindilla". 

El Guindilla era el típico camarero autóctono español. Era extremadamente delgado, vestía de blanco y negro, llevaba barba de 2 días y un boli de los de "clic" sobre la oreja, que más que sobre la oreja, parecía que estuviera pegado con "superglu" a ella. Se acercó al novato con parsimonia, mientras regaba el suelo con una larga manguera. Cuando llegó a su altura le hablo sin mirarle.

- ¿Así que eres el nuevo?, bien, me llamo Guindilla, pero tú puedes llamarme "Maestro Guindilla" 

- Estooo, pueeees, encantado, me llamo... 

- No tenemos tiempo novato, en media hora empezarán a llegar los clientes, harán una cola de mil demonios para entrar y coger mesa y esto se convertirá en el puto infierno.- empezó a enrollar la manguera y se dispuso a guardarla en una especie de caseta situada al fondo. Nuestro protagonista lo siguió por el patio. 

- Peeero, entonces... ¿estoy contratado? - dijo. El Guindilla pareció ignorarle y siguió a lo suyo. Se acercó a un mueble y lo abrió. En su interior se encontraban, perfectamente alineados, cubiertos, copas, servilletas, manteles y diversos utensilios que no supo identificar. 

- Como es tu primer día no voy a pedirte demasiado. Te vas a encargar exclusivamente de recoger copas sucias, botellas vacías y platos. Montarás mesas y recogerás las que hayan terminado. En este mueble tienes todo lo necesario... - hablaba muy deprisa, como si llegara tarde a algún sitio 

- Peeero, entonces... ¿empiezo ya? ¿cuanto voy a cobrar? ¿a que hora termino? - cientos de preguntas se agolpaban en su cerebro. Pero aquél tipo parecía ignorarlo por completo. Cogió un montoncito de manteles escrupulosamente doblados, se los lanzó y dijo: 

- Primera lección del día... - señaló hacia el muro que separaba el patio de la calle. No era muy alto. Desde allí se veía una interminable cola de personas que parecían dirigirse hacia la entrada del restaurante. Le cogió un mantel de los que sostenía sobre sus brazos, señaló a las mesas aún por montar y terminó su frase. 

- No hables, o nos pillará el toro. 

Y en ese momento se dio cuenta de que la cosa iba en serio y tuvo miedo, mucho miedo. Había una cola inmensa de gente para cenar esa noche. Apenas eran las seis y media, a las siete se abría al público. No parecía haber más gente trabajando que el Goblin en la cocina, el Guindilla y él mismo en el salón. Estaban bien jodidos. Su nuevo maestro pareció leerle el pensamiento. Extendió el mantel sobre la mesa más cercana con un movimiento brusco y ágil a la vez, lo miró con una sonrisa extraña y dijo: 

- Bienvenido al infierno novato...