Capítulo 8: Todo héroe necesita un traje

jueves, 24 de noviembre de 2011

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Ningún héroe viste de vaqueros. Todos utilizan una especie de traje, algo que los identifica del resto, que los hace diferentes. El camarero Zen no iba a ser la excepción. Aunque quizás sus motivos no fueran tan filosóficos.

- Necesito unos zapatos, pero de camarero. - le dijo al dependiente, un tipo bajo y regordete que se paseaba por la tienda con un fular excesivamente voluminoso para su gusto. El hombre lo examinó de la cabeza a los pies, como tomando medidas mentalmente.

- ¿Y como son los zapatos de un camarero? ¿de vestir?

- Eso me da igual. Pero es imprescindible que sean indestructibles - respondió el novato muy seguro de si mismo.


Llevaba un mes trabajando para el Goblin. En ese tiempo había convertido dos pares de zapatillas nuevas en un par de sacos de patatas. Pero lo peor no eran las zapatillas, sino sus pies. Los talones empezaban a agrietarse y tenía callos en forma de burbujas por toda la planta. La cojera se estaba pronunciando cada vez más debido a los dolores que sufría al apoyar el pié derecho, que era el más perjudicado. Necesitaba unos zapatos que hicieran magia si quería sobrevivir a todo el verano.

Llevaba unos días observando al maestro Guindilla, que parecía no sufrir los mismos achaques que él. Un día al final se atrevió a preguntar.

- Maestro, ¿como haces para que no te revienten los pies? 

- No hay ninguna misterio. Simplemente sucederá. Con los años tus pies se llenarán de callos y al final serán duros como rocas. - respondió. Pero el joven aprendiz no se conformó con esa respuesta.

- Así que necesitas unos zapatos, negros, de vestir supongo, para trabajar de camarero... - dijo pensativo el dependiente del fular. - Pero te van a destrozar el pie.

- ¿Más? No quieras verlos, la imagen es ya dantesca. Y eso que utilizo zapatillas de deporte. Pero ni por esas... 

- Bueno, tengo unos zapatos, pero son algo caros... - dijo dubitativo

- Muestramelos, ¿que diferencia hay con el resto?

- Bueno, llevan una cámara de aire en la suela, con unos micro puntos que permiten la respiración del pié. La piel del zapato es una aleación sintética de cuero de avestruz, que sujeta perfectamente el talón evitando... - el camarero le cortó

- Me los llevo. Háblame de pantalones. Negros, de pinza, que no me rocen en la entrepierna, que la tengo al rojo vivo.

Y así estuvo toda la mañana, en la tienda de ropa, probando diferentes combinaciones, todo tipo pantalones, camisas y un sinfín de accesorios. El dependiente muchas veces no sabía que decir, ni entendía las extravagantes peticiones, pero lo que si parecía entender era que su cliente no pretendía escatimar en gastos.

- Mira no tengo ningún chaleco con cinco bolsillos interiores, pero te los coso yo mismo, si es lo que quieres. 

- Exacto, es lo que quiero. - contestó mientras se ajustaba el cinturón de cuero.

Se miró al espejo y le gustó lo que vio. Llevaba unos zapatos negros de punta cuadrada, sin cordones. Unos pantalones de pinza negros de un tejido suave y transpirable. La camisa, del mismo material, tenía un bolsillo a la altura del pectoral izquierdo donde asomaba lo que parecía ser un boli de clic. La muñeca izquierda lucía un reloj metálico de esfera curvada que había costado tanto como el conjunto completo. El dependiente le había asegurado que era igual de resistente sumergido en grasa que en agua. También resistiría a una combinación de ambas, o le devolvía el dinero, había asegurado. Unos guantes y chaleco negros remataban el conjunto. Dio un par de pequeños saltos frente al espejo, como comprobando la estabilidad de la suela de sus zapatos nuevos. Enfundó su abridor legendario en una pieza de plástico que colgaba del cinturón de cuero.

<<Si, ahora si estoy preparado... >> - se dijo a sí mismo.

- Recapitulemos. Me llevo tres camisas de esas, dos chalecos, pero me coses los bolsillos que hemos hablado, el cinturón, los zapatos, los tres pantalones estos y el reloj indestructible. ¿Cuanto me va a costar la fiesta? - preguntó

El dependiente del fular empezó a hacer números con una calculadora Casio mientras escribía en un papel la lista de prendas y artefactos que nuestro protagonista quería comprar. Al terminar, le mostró el resultado, en silencio.

- Cobraté, y lo que sobra de propina - dijo el camarero depositando un sobre arrugado y manchado de grasa. Acababa de gastarse mas de la mitad del sueldo que el Goblin le había dado el día anterior.

Conseguir la guitarra eléctrica de sus sueños iba a ser una tarea bastante mas complicada de lo que pareciera en un principio, pero le daba igual. Había aceptado su destino. Había abrazado el camino del guerrero Zen. Todo lo que necesitaba en la vida acababa de comprarlo esa misma mañana. ¿Todo? No, todo no. Recordó que necesitaba una cosa más. Se dio la vuelta un segundo antes de salir del establecimiento, cargado con las bolsas que contenían todas sus pertenencias, y dijo:

- Oiga, mi pelo me molesta sobremanera cuando estoy currando. Se me pega a la cara y tengo que estar todo el rato apartándolo. No tendrás algo... 

- Podrías usar una cinta para la frente. - respondió rápido el tendero. - ¿De que color la quieres? - preguntó

Tras unos segundos de reflexión dijo:

- Roja. Un buen amigo dice que el rojo pega bien con el negro y el blanco...