El cliente pesado (V)

viernes, 27 de abril de 2012

Esta es una entrada especial con motivo del concurso de recetas que organiza Que comemos hoy? en Google Plus. El plato ganador de cada mes aparecerá en una mini historieta de Camarero Zen. ¡Muchas gracias por participar!




Era una noche fría y lluviosa. El invierno estaba siendo especialmente duro, y el tiempo no quería colaborar. El maestro Guindilla recogía taciturno las mesas de la terraza. La lluvia, a pesar de ser muy ligera, empezaba a calar en su cuerpo, pero no parecía importarle. Por supuesto, tenía sus motivos.

«Y un carajo voy a entrar al comedor ahora - pensó mientras apilaba sillas de plástico -. Hasta que el pesado no pida la cuenta yo no entro, así me agarre un gripazo de tres pares de cojones.»

Efectivamente, como cada primeros de mes, el enemigo natural del maestro se había sentado en una mesa del restaurante, con el único propósito de amargarle la vida con sus peticiones extravagantes.

«Pero hoy no me pillas chaval. Ya les he dicho a los camareros que me cubran. Hoy yo no te sirvo.»

Tal y como había planeado, su cliente fue atendido por otros, que lanzaban miradas cargadas de odio al viejo camarero, mientras iban y venían de la cocina a la mesa y viceversa, a preguntar supuso, si tal o cual ingrediente estaba disponible o si se podía preparar algo parecido a lo que el pesado demandaba.

Y así transcurrieron las horas, que el maestro Guindilla ocupó en atender la barra, fregar platos, cargar cámaras frigoríficas y fumar de tanto en tanto a escondidas en el callejón de atrás, eludiendo con el arte que da la práctica de mas de veinticinco años de profesión, el atender las mesas del salón, mas por puro miedo a ser llamado por el pesado que por simple escaqueo. Cuando se quiso dar cuenta, todos sus temores se disiparon. El cliente pesado había pagado y abandonaba plácidamente el establecimiento. Pero algo ocurrió al margen de la voluntad del maestro. Un último cliente se aproximaba peligrosamente al restaurante cuando faltaban apenas unos minutos para que la cocina echara el cierre.

Era joven, no mas de treinta a juzgar por su ropa, que era ajustada y dejaba entrever una musculatura de esas que hacen temblar las piernas a las adolescentes y a las demás también. Llevaba el pelo corto y la cara tan afeitada que podría decirse que era imberbe.

El chico atravesó la terraza con paso firme y se dirigió directamente al maestro Guindilla, que estaba cerca de la puerta fumando una vez mas. El recién llegado no se andó con rodeos.

- ¿Está Susi Roses? - preguntó.
- Si, hoy tiene el turno de tarde, pero debe estar terminando. - respondió mirando su reloj. - La cocina está a punto de cerrar y... - el cliente no dejó que terminara la frase.
- Ya, ya lo sé, pero me dijo que viniera a estas horas, que me iba a preparar un postre especial. Así que aquí estoy. - dijo mientras atravesaba el umbral de la puerta dejando al camarero con la palabra en la boca.

Cuarenta minutos mas tarde, las luces que iluminaban la fachada de la pizzería se apagaron, dejando encargada de iluminar la calle a una gran Luna Llena que brillaba con mas intensidad aquella noche. Un pequeño grupo de camareros y cocineros se despedían en la puerta, hasta mañana, dormir deprisa y esas cosas. El último en salir fue el Guindilla. Se encendió otro cigarrillo.

«Tengo que dejar de fumar. - pensó mientras echaba un ojo al interior del restaurante. Todo estaba a oscuras a excepción de un pequeño rincón del salón, donde Susi y el cliente desconocido disfrutaban de un plato exquisito a la luz de las velas. - Que jodida, mira como se lo monta. Cosas de ser la favorita del jefe.»

¿Quieren saber que comieron de postre los dos tortolitos? Sigan, sigan leyendo...

* * *

Mousse de chocolate con manzana confitada

Ingredientes: manzanas, mantequilla, chocolate fondant, nata montada, clara de huevo, azúcar.

Cortar en cuadraditos las manzanas peladas y confitarlos a fuego suave, con la mantequilla y un par de cucharadas de azúcar, tienen que quedar enteros pero blanditos, y algo caramelizados. Fundir el chocolate en el microondas un minuto y medio. Se deja enfriar. Mezclar el chocolate fundido y la nata, suavemente sin batir, y añadir las claras montadas a punto de nieve. Se puede añadir un par de cucharadas de algún licor.

Montamos en cuencos individuales o copas con la base de manzana caramelizada y la mousse por encima. Decoramos.