Retazos (II)

domingo, 15 de abril de 2012

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Era una motocicleta de cincuenta centímetros cúbicos, de chapa negra de plástico, con ruedas anchas y un pequeño cajón porta casco trasero, también de plástico negro. El camarero Zen era su conductor. Circulaba silenciosamente y a gran velocidad por una avenida de doble carril, salpicada de semáforos cada pocos metros. Su indumentaria era la de siempre, a excepción de un casco integral de color negro con franja roja que le ocultaba el rostro. Unos metros tras de sí, un par de ciclomotores similares, de color rojo, le seguían a toda velocidad tratando de alcanzarle. En el cajón maletero, un cartel rezaba "Pizzas el Troll feliz".

«Debo recordar hacerle una visita a ese Troll - pensó el camarero - Con esta persecución se ha delatado solo. Maldito cambiaformas»


Una voz enlatada sonó en el interior de su casco, sacándolo de sus pensamientos.

- Son tres motoristas. Dos te están pisando los talones. Hay un tercero que parece querer cortarte el paso en la próxima intersección. - dijo. El guerrero Zen contestó a través del intercomunicador.

- Cambia el semáforo y dime por que dirección se aproxima.
- Por tu derecha. - contestó la voz.

«Vamos a jugar un rato - pensó el camarero Zen mirando un segundo por el retrovisor -. Aún no sabéis a quien estáis persiguiendo.»

Giró por completo el acelerador y el vehículo respondió en el acto alejándose repentinamente de sus perseguidores, que hicieron lo propio para tratar de alcanzarle. Apenas unos metros delante, un semáforo en rojo sobre un cruce amenazaba con su luz a la oscuridad de la noche. Ninguno hizo intención de frenar. La voz volvió a hablar desde el interior del casco:

- El objetivo está en posición, esperando al semáforo.

«Un segundo mas - pensaba comprobando el retrovisor de nuevo -, uno mas y sois míos.»

Fue el segundo mas largo de su vida. Mientras se aproximaba a toda velocidad miraba de reojo el retrovisor, comprobando si sus perseguidores seguían su estela, si caían en la trampa. La intersección se aproximaba a ellos a toda velocidad iluminada apenas por el rojo intenso del semáforo en la oscuridad de la noche.

Un instante antes de llegar al cruce el camarero Zen grito "¡Ahora!" y frenó en seco.

Todos los semáforos del cruce cambiaron a verde como por arte de magia. Por la derecha apareció otro motorista idéntico a los que le perseguían, que no tuvieron tiempo ni para reaccionar. Uno de ellos impactó de lleno contra el que acababa de aparecer, mientras el otro giraba bruscamente a la izquierda. Consiguió evitar el choque pero perdió el control de su vehiculo apenas unos metros mas adelante, cayendo y arrastrándose por el asfalto.

- Llama a los servicios de emergencias. - dijo el camarero Zen por el intercomunicador mientras observaba la escena. Al frenar en seco la rueda trasera de su moto se había levantado del suelo casi dos metros, teniendo que frenar con la delantera mientras mantenía el equilibrio. Algo que consiguió a duras penas. - Diles que tienen un choque múltiple y tres heridos. Al menos uno grave. Que se han saltado un rojo. Y déjales caer que son todos de la misma pizzería y que iban con exceso de velocidad, a ver si conseguimos que sometan a inspección al Pizzero Cambiaformas y nos vamos allanando el camino.

- Entendido maestro Zen. ¿Vienes al refugio? - contestó la voz del casco.

- Estoy ahí en unos minutos, y no me llames maestro. Solo ha habido un maestro y será irreemplazable. - dijo ajustándose el casco y acelerando de nuevo en dirección contraria al lugar del accidente.

Unos minutos mas tarde, en una pequeña calle poco transitada del centro de la ciudad, la oscuridad y el silencio acompañaban de la mano a una misteriosa niebla que se mantenía casi a ras del suelo, inmutable. No había negocios allí a excepción de un viejo restaurante ya olvidado por todos. En la pequeña puerta principal podía leerse "Asador el Goblin". Un poco mas allá, un muro de piedra escondía lo que había sido el patio interior del restaurante. Allí un gran cartel que ocupaba casi todo el frontal rezaba "Cerrado por reforma", aunque nadie había visto obreros ni ningún tipo de actividad desde hacía mas de un año, cuando el restaurante cerró repentinamente sin mas explicaciones. La paz se rompió de repente con la llegada de una moto negra que entró silenciosa atravesando la espesa neblina.

Se dirigió directamente hacia el gran cartel y justo antes de chocar contra él, este se abrió por la mitad dejando paso al interior, donde la moto desapareció. El cartel volvió a cerrarse y la calle se quedó en calma, sumida en la oscuridad.