Manual del camarero Zen - 3

jueves, 3 de enero de 2013

Una de herramientas: La bayeta
Tengo un sensor para oler bayetas sucias. Sí, ya saben, ese olor como de agua estancada, podrida. Es un olor muy común en hostelería. Todos los trapos que utilizamos acaban oliendo así.
Menos mal que tenemos lejía, amoníaco y esas cosas para limpiar nuestros pequeños artefactos limpia mesas.
Y sin embargo, de vez en cuando me encuentro con una situación peculiar. Es la segunda vez que me pasa en este establecimiento. Es la segunda vez que el olor a mugre me da la bienvenida al sentarme en la mesa.

Algo tan insignificante como limpiar la bayeta bien, antes de pasarla por la mesa es un detalle que puede marcar la diferencia. Tomen nota.
Se dice el pecado, no el pecador, ya saben.