Manual del camarero Zen - 5

martes, 15 de octubre de 2013

Gin-tonics a 2,50 €

Hoy he ido a una concurrida cafetería de mi barrio movido por la curiosidad creada precisamente por eso, por ser una cafetería concurrida, algo extraño e inusual en los tiempos que corren. Más aún en la ciudad donde habito, que en verano todo funciona al doscientos por ciento debido al turismo pero que, una vez llegado el invierno, todo se queda mas muerto que los salarios mínimos. Así que me dije a mi mismo, oye, vamos a tomar un café y a ver si descubrimos cual es el secreto de la eterna juventud.

La cristalera frontal del local oferta Gin-tónics "de lujo" a 2,50 €

Al llegar al establecimiento confirmo que, efectivamente, la terraza está casi llena un martes cualquiera. Entonces el texto que se anuncia en la cristalera me golpea la cara con fuerza. Ahí lo tienes, me digo, marketing de precios agresivo. Sin embargo, algo no encaja en mi cabeza. Empiezo a hacer cálculos mentales mientras espero a que alguien me atienda. Alquiler del local, costes materiales, impuestos y todas esas milongas no encajan con los gin-tónics a dos cincuenta. No me salen las cuentas así de primeras, pero todo puede tener una explicación. Quizás pierden dinero con esta oferta atrayendo a un determinado numero de clientes que después consumirán otras cosas. Algo que hacen con bastante éxito las grandes cadenas hosteleras. Lo que viene siendo marketing de precios al mas puro estilo old school

Sigo esperando mientras leo un pequeño panfleto adherido al servilletero. Los jueves los tanques de cerveza valen solo un euro. ¡Un euro! ¡Un tanque de cerveza! Mi cabeza empieza a hacer cálculos sobre el precio actual del barril de cerveza y una vez mas no me salen los números.

Entonces me doy cuenta. Llevo esperando mas de cuarenta minutos. Busco con la mirada y descubro a una sola camarera que corre como alma que lleva el diablo. No puede con todo. Empiezo a contar mesas de dentro del local y de la terraza y llego a la inevitable conclusión. Esto no lo sacas ni tú. Ni tú ni nadie. Es barato pero hay que esperar una cantidad de tiempo inaceptable.

Me levanto de la mesa sin ser atendido. No culpa a la camarera. Ella es la clave del éxito del local. Estará cobrando menos de novecientos euros por cubrir el trabajo de al menos tres personas. Está siendo explotada y exprimida como a un limón. Sin piedad. 

El truco funciona en principio, pudiendo vender por debajo del precio de la competencia a costa de reducir el personal al mínimo "posible". Lo que no parece saber este hostelero es que yo me he levantado sin ser atendido y no he sido el único cliente que ha perdido en apenas cuarenta minutos.