Feliz Navidad y próspero año 2014, ¡hostias!

martes, 24 de diciembre de 2013

Un grupo de camareros, enfundados en sus chalecos y pajaritas perfectamente planchadas, esperaban colocados en fila ante las puertas del comedor, temerosos y ansiosos a la par por saber que es lo que el señor Hateman tenía que decirles. El estirado Maître entró en la antesala despacio, fumando un cigarrillo a pesar del cartel de la pared del fondo que recordaba la prohibición de fumar en los anexos a la cocina. Se detuvo frente a sus chicos, con la expresión tan negra como el humo que se extendía desde sus huesudos dedos hasta el techo de la estancia, y sus ojos se cruzaron con los de aquellos chavales, algunos jóvenes, otros no tanto, diciéndose con la mirada mas de lo que se podría decir con palabras. Tras unos segundos eternos al final habló.

- Os he reunido aquí hoy porque, como ya sabéis es un día especial, hostias. Es Navidad y todas esas vainas, así que quería agradeceros vuestros esfuerzos por llevar este viejo barco por el rumbo correcto. Gracias Animal, por currar como una jodida bestia, que siempre te hago cargar con las cajas de bebida, con las mesas del almacén y tal, pero hostias, que vamos a hacerle, tu madre te parió con la fuerza de un mulo y eso hay que aprovecharlo, cojones. - los camareros sonrieron, sin perder la postura, que el señor Hateman tuviera un buen día no significaba bandera blanca ni mucho menos. 

Aquél continuó con los halagos, muy a su estilo, socarrón y medio insultante pero que a todos les supo a gloria, a aire fresco, como si el Maïtre quisiera de esa forma relajar el ambiente de presión común del trabajo duro que a él tanto le gustaba. Parecía como si el corazón negro como su traje, se hubiera tornado un poco mas gris debido a las fechas navideñas.

- Coño, Correcaminos, para ti también tengo. Gracias por no salir corriendo de aquí a las pocas horas, hostias, nadie daba ni un duro por ti, pero yo sabía que dentro de ese saco de huesos había algo. Algo habrá, digo yo, a ver si lo encontramos de una vez. - dijo aquello riendo mientras le revolvía el pelo como haría un maestro con su alumno, un padre con su hijo. El Novato le sonrió y por un momento toda la angustia, sufrimiento, cansancio y estrés padecido en aquel infierno perdió importancia. Aquel hombre era humano al fin y al cabo. Hasta parecía tener aprecio por sus trabajadores, aunque no lo hubiera demostrado hasta Nochebuena. Nunca es tarde, dicen.

- Bueno, pues eso era todo, hostias, que sois los mejores y que os deseo a todos unas felices fiestas, una feliz Navidad y todas esas mierdas. - remató dándose la vuelta. El discurso había finalizado.

El Novato se dispuso a quitarse la pajarita y a romper filas. Al fin llegó el respiro que tanto tiempo había esperado. No era muy partidario de navidades, pavos ni comidas familiares, pero que leches, lo que hiciera falta con tal de perder de vista el hotel aunque solo fueran unos días. Justo cuando se disponía a darse la vuelta el señor Hateman le puso la mano sobre el hombro y dijo:

- ¿Donde hostias se cree que va, Correcaminos? ¿No me lo diga? Ha creído usted que al ser fiestas aquí no se trabaja, ¿verdad? Pues le diré una cosa. Esta Nochebuena tenemos setecientos ingleses jubilados haciendo cola a la entrada del comedor. Mañana Navidad otros tantos y no se olvide de Fin de Año. Hostias, que tenemos el banquete de lujo. Estas semanas no solo no va a poder ir con su familia a comer, es que no va usted a descansar ni un jodido día, ¿lo ha entendido? Pues póngase de nuevo la pajarita y circule, ¡hostias! 

Desde Historias de un camarero Zen, les deseamos a todos unas felices fiestas y un próspero año nuevo. 

Esta entrada está dedicada a todos aquellos trabajadores del sector que en estas fiestas no van a poder estar con sus familias por tener que estar "Al pie del cañón" 

Para el resto, recuerden... En estas fechas no escatimen en bote, es lo único "extra" que ese que le está sirviendo va a cobrar.