No se me puede sacar "de bares"

sábado, 14 de mayo de 2016

Me estoy haciendo viejo, lo reconozco. Me molesta la gente, algo curioso teniendo en cuenta el oficio que corre por mis venas. ¿Un camarero antisocial? ¿Como se come eso? No lo sé, pero es la verdad.



Cada vez me molesta más la gente. Ojo, cuando estoy trabajando soy un profesional, un artista capaz de disimular de manera magistral que en realidad todo lo que ocurre a mí alrededor me está molestando.

Donde la cosa se agrava, donde se complica realmente es cuando no estoy trabajando, cuando no tengo la necesidad de actuar. Es por eso que "no se me puede sacar". Y a cenar menos...

Nunca había sido consciente de ello hasta hace poco, que cuando soy yo el cliente, cuando entro a un bar/restaurante, tengo algunas manías, algunas pequeñas costumbres que hago siempre, y que incluso sino puedo hacerlas me pongo de mal humor. Eso dicen, al menos, los que se sientan conmigo en la mesa.

1. Al entrar en un restaurante siempre espero a que me reciba alguien.

Y si no ocurre, si nadie viene y me dice hola, me pongo muy nervioso, no se donde sentarme, y ya empezamos mal. A partir de ahí la espirar de mala leche sólo puede ir a peor. Soy completamente incapaz de sentarme donde me de la gana, soy capaz de esperar lo que haga falta hasta que alguien "me siente".

2. Siempre me siento el primero, eligiendo la silla desde donde pueda verse el mayor número de mesas.

Mis compañeros de mesa dicen que me paso toda la velada observando al resto de mesas. Incluso hay veces que me han puesto a prueba.

- Que Ismael, ¿como lo llevan los de la mesa de al lado?
- Pues mal, los segundo deberían estar ya marchados y no llegan, y al de gafas no le ha gustado la salsa de las bravas. - contesto inmediatamente al parecer.

Ni que decir que, si por hache o por be, me siento de espaldas, cara a mis interlocutores y la pared, la mala leche aumenta y paso a estar incómodo y a responder con exabruptos inmediatamente.

3. Como el garito esté a tope estamos jodidos. 

Al parecer, no hay quien me aguante. Todo parece molestarme, el ruido, la gente pidiendo, la gente nerviosa porque el servicio tarda, los camareros corriendo... Mis compañeros de mesa dicen que estoy trabajando, que me estreso igual que los camareros que están trabajando.

Si sumas este punto con el anterior, resulta que me doy cuenta de todo lo que este pasando, desde el tenedor que fue al suelo, hasta el error en el pedido, pasando por todas las posibles quejas de cada mesa. Todo repercute en mi humor, al parecer.

En resumen, me he vuelto con los años un anti social, capaz de estar rodeado de gente, con cuarenta mesas llenas de personas que me hablan, pero incapaz de estar sentado en una de ellas, porque al final, todo me molesta, menos el silencio.